Fernando, otro ingeniero de mi empresa, y yo, salimos de Madrid el lunes 9 de junio con la intención de llegar a Ziguinchor, ciudad al sur de Senegal, volábamos con Iberia de Madrid a Dakar ese día, al siguiente, cogeríamos un Senegal Airlines que nos llevaría a nuestro destino, pero acabamos haciendo 900 km en coche, cruzando Gambia y su “River Gambie”.
Madrid-Dakar se hizo sin novedad, dormimos en Dakar y al día siguiente a las 18:00 debíamos estar volando de Dakar a Ziguinchor. Llegamos con dos horas de antelación al Aeropuertode Dakar, el Léopold Sédar Senghor, entramos con la intención de facturar las maletas, al no encontrar el mostrador de Senegal Airlines, preguntamos a un joven trabajador del aeropuerto que muy amablemente, nos indicó que el vuelo tenía problemas y debíamos hablar con
Después de este primer intento, sólo nos quedaba coger las maletas e irnos al hotel. Durante la cena recibimos la llamada de la compañía comunicándonos la salida del avión a las 13:00 del día siguiente.
Con dos horas de antelación volvíamos a estar en el Léopold Sédar, llegamos al mostrador de facturación de Senegal Airlines, esta vez si estaba abierto, para facturar las maletas, pero la gente no facturaba y se arremolinaba alrededor de una azafata. Tras unos minutos un representante de la compañía, muy profesional, nos anunció que el avión estaba averiado y que en el “Air france” de la tarde, llegarían las piezas de repuesto que le faltaban, al día siguiente, si el avión estaba arreglado, nos llevarían no al aeropuerto de Ziguinchor, sino al de Cap Skirring (pequeño aeródromo cerca de la costa, que está a una hora por carretera) y desde allí en coche a Ziguinchor.
No sé si fue por el tono de aquella persona (ni él se creía, lo que estaba diciendo) o por no subirme en un avión recién “arreglado”, en aquel momento decidimos irnos en coche.
Teníamos dos opciones: La N-1, pasar por Tambacounda rodeando The Gambie, lo que suponía 880 km con la ventaja que no saldríamos de Senegal o la N-4, atravesar Gambia vadeando el río en barco, 437 km . En cualquier caso deberíamos dormir en el camino.
Nos pusimos en marcha y cuando llegásemos a Kaolack, ciudad en la cual debes coger uno u otro camino, decidiríamos. Llegamos a las siete de la tarde, el sol estaba cayendo, lo que nunca debes hacer en el interior de Senegal, si puedes evitarlo, es conducir de noche. Dormimos en el hotel“Le Relais”, el segundo mejor hotel de la ciudad (el hotel París estaba lleno) nos costó 25.000 F cfa, unos 38 €, desayuno incluido.
A las 6:00 de la mañana del miércoles 12, partíamos por la N-4 dirección a Gambia, llevábamos un buen ritmo, cuando de repente, la carretera desapareció. En su lugar quedó un camino por el que a veces era más cómodo circular por los caminos laterales que por la “carretera”, fueron unos
Por fin habíamos llegado a la frontera, primero te tienes que dirigir a la Policía de Inmigración de Senegal. Enseñas el pasaporte, te inscriben en el libro de salida de Senegal y sellan tu pasaporte. Tienes que comprar un impreso de salida del coche, para lo cual, enseñas la documentación del coche, tarjeta gris (permiso de circulación senegalés), te cuesta 500 F cfa. Llegas a la barrera, te acercas a la garita y enseñas el impreso, ellos se quedan con un trozo, pagas 1.000 F cfa y te despides de los soldados senegaleses.
Pasas la barrera circulas 50 m en tierra de nadie y llegas al puesto fronterizo de Gambia. País anglófono, en el que el francés no te sirve de mucho si quieres comunicarte con las autoridades. Las otras veces que había cruzado Gambia, Baba, nuestro chofer senegalés, hablaba Wolof con la gente de Gambia, no hay que olvidar que aunque en Senegal se hable francés y en Gambia inglés, las fronteras que dividen estos países son fronteras políticas (alguien dibujó una línea en un plano), los de un lado y los del otro habla el Wolof y algún otro idioma más propio de la etnia a la que pertenecen.
Al igual que en el otro lado de la frontera, lo primero que debes hacer es dirigirte al puesto de control del pasaporte de la policía de inmigración, te llama la atención que el color de los uniformes ha cambiado. El procedimiento es parecido, te sellan el pasaporte con la fecha de entrada y te pregunta a dónde te diriges. Al contestar que a Ziguinchor, comunicas que estás en tránsito y que vas a salir del país en el día. Pagas 1.000 F cfa tienes que enseñar el impreso del coche, te lo sellan y pagas otros 1.000 F cfa, En la garita contigua, policía de aduanas, tienes que asomarte y enseñar el impreso que te acaban de firmar, se quedan con un trozo, pagas otros 1.000 f cfa y ya está. ¡Estás oficialmente en Gambía!.
Os imagináis lo llamativo que son dos españoles en un todoterreno en medio de Gambia, en todos los controles que pasamos, nos pararon. Tres policiales, en dos de ellos, nos multaron (con motivo), en el tercero cómo no había motivo, pagamos directamente “peaje”. Es justo reseñar que en el control del ejército de Gambia fueron muy simpáticos y profesionales.
La primera multa fue a unos 200 m . de la frontera. P rimero te paran en el control y luego buscan el motivo. Yo, que iba de copiloto, estaba apuntando lo que nos había costado pasar la frontera y no llevaba abrochado el cinturón de seguridad. Aquel policía se fijó en mí, nos pidió la documentación del coche y le dijó a Fernando que le acompañase al puesto de control. Al rato apareció sonriendo y 2.000 F cfa menos. Continuamos viaje, a unos 300 m, mi compañero todavía no había terminado de contarme cómo había sido la "situación", la carretera hace un desdoblamiento brusco, prohibiendo la circulación por el tramo recto, no nos dimos cuenta y pasamos rectos, allí estaba otro policía con una enorme sonrisa, el cual se empeñó en mostrarnos la señal de prohibido. El resultado fue el mismo, documentación y 2.000 F cfa menos. Yo estaba empezando a enfadarme, no era por los 4.000 sino por la media hora que pierdes cada vez que te paran.
Seguimos circulando por la Trans-Gambie Hwy con cuidado no pasarnos el desvío a la derecha dónde se compran los tickets para subir al barco. Es fácil de ver pues hay una caseta y dos básculas de camiones. Todoterreno y conductor más un viajero 2.700 F cfa (creo que es barato y no nos engañaron).
Continuamos por la carretera, de pronto se pierde el asfalto, a lo lejos aparcados a la derecha, hay una fila enorme de camiones, unos dos kilómetros más o menos. Seguimos avanzando hasta encontrar la fila de los vehículos, cuando llegamos había unos 70 coches delante, lo que significaba en tiempo unas 4 o 5 horas. Decidimos hablar con “el joven que organizaba el final de la fila”. Le contamos que íbamos a tratar con su jefe (que estaba en la cabecera de la cola) un adelanto en nuestra posición de embarque. Este hombre a parte de buenas palabras, esperaba recibir una “señal de buena voluntad”, cómo no lo supimos ver a tiempo, llamó a su jefe que estaba en la punta, mientras nosotros nos acercábamos, nos recibió hablando por el móvil y dando voces, tras darnos la mano a través de la ventanilla del coche (eso sí, educación ante todo), nos hizo dar media vuelta y sin dejarnos bajar, ni articular palabra, nos envió de nuevo al último puesto de la fila, cosa que naturalmente hicimos.
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| fila de los camiones |
Al retroceder me di cuenta que había un grupo de cinco hombres que llevaban a otro agarrado por las manos y brazos, forcejeaban y gritaban. Me extrañó, era la cuarta vez que cruzaba Gambia y había visto grandes aglomeraciones pero nunca el mínimo alboroto (excepto cuando los coches subían al barco).
Cuando nos reincorporamos al último puesto de la fila, decidimos intentarlo de nuevo, Fernando se fue a buscar al “joven que organizaba el final de la fila”, le entregué 5.000 F cfa para “gastos de negociación”, yo me quedé moviendo el coche cuando avanzaba la cola (escasos metros). Encontró al joven a unos 200 m del coche, le explicó que teníamos mucha prisa, que teníamos una reunión importantísima en Ziguinchor (cosa que era totalmente cierta) y que necesitábamos cruzar urgentemente, no sé si por las persuasivas explicaciones o por los 2.000 F cfa que le entregó, el joven accedió amablemente a acompañarle a ver a la persona que nos había mandado los últimos.
Este señor, previo aviso telefónico, esperaba a Fernando y a su acompañante. Ya con otra cara, mucho más sonriente, supongo que sería por que “había adelantado en el puesto de embarque” a muchas personas antes. Le invitó a entrar en una caseta de chapa, que al sol, tendría unos 40 º C de temperatura, resultaba de lo más acogedor. Fernando se disponía a entrar cuando oyó unos gritos que procedían del interior, asomó la cabeza, era nuestro amigo al que llevaban aquellos hombres. Le tenían tumbado sobre un camastro, sujeto por los brazos y piernas, los pies descalzos, con un palo plano como los de “crícket” le estaban golpeando en la planta de los pies. En pocos minutos le habían detenido, juzgado, condenado y le estaban aplicando la pena.
Se negó a entrar, entonces sucedió el "milagro", oyó las palabras mágicas “dix mille”, ¡hablaba francés!, (cuando es cuestión de dinero). Luego me confesó, que pensaba regatear, pero ante el panorama, sacó un billete de 10.000 F cfa del bolsillo y se lo entregó. Este le indicó la persona con la que debíamos habla en el siguiente control.
Regresó al coche, con las manos en la cabeza, me contó lo que había visto y oído. Pasamos el primer control y llegamos al siguiente, en el que organizan el embarque y desembarque de los vehículos en los barcos, allí había unos 50 camiones y 35 coches. No hizo falta buscar al contacto, él nos encontró a nosotros, ya había recibido instrucciones por teléfono, nos estaba esperando. Era el que daba las instrucciones y marcaba el orden de embarque, nos hizo señas para que le siguiéramos, de repente en un punto se paró, se volvió, nos dio la mano a través de la ventanilla y nos pidió dinero, no queríamos más retrasos, le entregamos 5.000 F cfa y nos colocó los primeros del próximo embarque o eso creíamos nosotros, luego vinieron dos coches detrás de nosotros con “preferencia” y los colocaron delante nuestra, pero no había problema, subiríamos en el próximo barco.

El transporte llegó, entramos los cuartos, subimos e hicimos la travesía dentro del coche con el motor en marcha y el aire acondicionado puesto, fuera hacía un calor sofocante. El barco tardó cuarenta minutos en cargar, transportarnos a la otra orilla y descargar. Primero bajaron los peatones que llenaban todos y cada uno de los huecos de la cubierta de aquel barco. Cuando reanudamos la marcha nos cruzamos con otra fila enorme de camiones y coches que esperaban para hacer el recorrido en sentido contrarío.
Antes de llegar a la frontera tuvimos que pasar un control del ejército y otro más. Esta vez era una mujer quien nos dio el alto, era muy simpática para variar, los otros hombres habían sido muy serios o ese era su papel. En este control, no pudieron denunciarnos por nada, directamente entraron a negociar una "propina". Nosotros respondimos sonriendo que “pa de haris” que en wolof se puede traducir por “no tenemos dinero” pero al final... accedimos (es mejor así).
Al fin llegamos al puesto de “Inmigration” dónde te sellan el pasaporte, previo pago de 1.000 F cfa, igual hacen con el impreso del coche, previo pago de otros 1.000 F cfa. Pasas a la ventanilla de la policía de aduanas, uniforme verde oscuro, te sellan el impreso del coche por 1.000 F cfa y se quedan con la penúltima parte.
Tanto entregar billetes de 1.000 y 2.000 nos habíamos quedados sin ninguno y llegado el caso tuvimos que pagar con uno de 10.000 F cfa, al ver ese billete sobre el mostrador, a ese hombre se le iluminó la cara, abrió unos enormes ojos, esbozó una sonrisa que dejaba ver todos y cada uno de sus dientes blancos cómo el marfil y exclamó: “Good luck!”. Yo en ese momento, raudo de reflejos, atisbando sus intenciones, eché mano al billete y le dije en un perfecto español: “¡Ni Good Luck, ni leches!, ¡Las vueltas. Eh!”. Se me quedó mirando a los ojos fijamente unos instantes (que a mi me parecieron una eternidad), entendió el mensaje, sacó 8.000 F cfa del cajón, sinceramente, pensé que tendríamos algún tipo de dificultades con el cambio pero nos lo dio correcto.
Con los pasaportes sellados, cruzamos los 50 m de tierra de nadie, que esta siempre llena de gente intentando venderte de todo, y llegamos a la frontera del lado Senegalés. Accedes desde la carretera a un pequeño patio, entras en la garita, te sellan el pasaporte, en la policía de aduanas entregas el trozo del impreso del coche que te queda y ya estás de nuevo en Senegal (en la frontera de Senegal no tienes que pagar nada).
Continuamos viaje y
Fernando, con una sonrisa, se dirigió a mi y me dijo: “Eso me gusta de África, ningún día es igual a otro, no sabes cómo va a empezar ni cómo va a terminar”.Yo le contesté: “Sí, hay que reconocerlo, en África, cada día es una aventura”.
AGRADECIMIENTOS
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